martes, 10 de mayo de 2011

Me acordé de algunas cosas... (Parte 2)

Frente a casa vivían dos amigos y a la derecha, sobre la misma manzana donde estaba mi casa, otro. Uno de esos al que le vendieron el cuento de: "no sos gordo, tenés los huesos grandes".
En esos tiempos vivía casi todo el tiempo afuera de casa. Nos dedicábamos básicamente a joder a la gente.
Poníamos petardos en los buzones de cartas de las iglesias, apuntábamos a un pastor con lasers desde la terraza mientras predicaba (en las dos manzanas habían cuatro iglesias), tirábamos ladrillos en los techos (dio...), bombitas a los autos - porque la gente era muy amarga -, Sebastián iba al supermercado de la esquina y apretaba las uvas... entre otras tantas cosas que son incontables.
Sebastián era hermano de Andrés, ambos vivían enfrente, y al lado de casa vivía Adrián.
Adrián era literalmente el chismoso. Una vez juntamos frutos de los árboles de la vereda en cantidades para atacar a algún auto que cruzase. Era muy simple: Andrés se ponía del lado de la calle, yo lo apuntaba, él se agachaba y el remisero se comía todas las frutitas.
Todo salió bien, el remisero frenó y Adrián dijo: "yo no voy a correr".
Se quedó quieto y nos delató, el tipo de todas maneras se fue nomás. A partir de ese momento Adrián quedó marcado como el anciano.
Una vez fui para lo Sebastián, estaba lloviendo, ibamos a jugar ajedrez - siempre me ganaban -, pero me dijo que fuéramos hasta una radio a entregar unas cartas.
Por aquel tiempo había un programa de radio que "contactaba" gente bajo apódos - "caballero de la noche" - y esas giladas, se enviaban cartitas pelotudas con poesía y retiraban las cartas en la radio o en otro local de la ciudad.
Íbamos por la calle y cuando cruzaba alguien girábamos el paraguas para que los mojase. Una vez que llegamos Sebastián retiró sus cartas y entregó otras dos, pero se llevó varias de otros.
Mientras volvíamos, íbamos leyendo la sarta de estupideces que se decían y luego las tirábamos a la basura. Como corresponde.
En ese momento se nos ocurrió escribir cartas en nombre de Adrián, con el seudónimo "corazón de melón" y otra con otro apodo: "corazón caliente".
Lo describimos tal cual era: "Soy corazón de melón, peso 100 kg, soy tímido y tengo 11 años".
Continuará...

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