domingo, 7 de agosto de 2011
lunes, 1 de agosto de 2011
Palabras vacías.
No sé si es el hecho de ser algo apático, o no poder entender porqué los demás actúan de determinada manera, pero detesto todas las rutinas y las charlas inútiles.
No comprendo la finalidad de todo ese circo de frases. En última instancia, que se queden cerca... pero ¡que no hablen si no van a decir algo relevante!
Quizá con el tiempo, a medida que se van dando por sabidas ciertas cosas, todas las charlas se vuelven innecesarias.
La gente no deja de hablar sólo por timidez, sino también por la pelotudez del discurso.
Esta gente, la que no puede callarse un segundo, me recuerda demasiado a estos muñecos parlante. Juro que me desesperan y también me desespera que se hable de racionalidad - y blablabla... - cuando un perro tiene más matices que toda esta gente.
No comprendo la finalidad de todo ese circo de frases. En última instancia, que se queden cerca... pero ¡que no hablen si no van a decir algo relevante!
Quizá con el tiempo, a medida que se van dando por sabidas ciertas cosas, todas las charlas se vuelven innecesarias.
La gente no deja de hablar sólo por timidez, sino también por la pelotudez del discurso.
Esta gente, la que no puede callarse un segundo, me recuerda demasiado a estos muñecos parlante. Juro que me desesperan y también me desespera que se hable de racionalidad - y blablabla... - cuando un perro tiene más matices que toda esta gente.
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